Ponle trampas a las ‘ratas’ en tu empresa

En México, 8 de cada 10 compañías han padecido cuando menos un estafa en los últimos 12 meses.

La crisis económica de los últimos años ha potenciado los riesgos de fraudes que enfrentan las compañías que operan en México. Estos riesgos se asocian, principalmente, a fallas en controles internos y al incremento en las presiones que experimentan los directivos para mostrar mejores resultados de los que efectivamente se están logrando.

De acuerdo con la “Encuesta de Fraude en México 2010” realizada por la consultora KPMG, señaló datos interesantes: en comparación con el 2008, la incidencia de robos cometidos por empleados de las propias empresas afectadas se incrementó significativamente, al pasar de 60 a 77%.

El daño económico promedio por cada uno de los fraudes reportados en los últimos doce meses fue de 850,000 pesos (en América Latina el promedio es 650,000 pesos). Así, mientras que para el 2008 el daño económico anual estimado para el sector privado en México fue de 11,700 millones de pesos, para el 2010 la cifra aumentó a 18,200 millones de pesos.

No descuidar las áreas

¿Qué indican estas cifras? Shelley Hayes, socia a cargo de la Práctica Forensic de KPMG en México, comentó que los datos obtenidos señalan que el tipo de hurto más frecuente en las empresas que operan en el país sigue siendo la malversación de activos.

“Sin embargo, los que mayor daño están causando son los fraudes en estados financieros. Esto nos revela una situación urgente de control y supervisión sobre los mandos directivos de las empresas, lo que indica que es necesaria una mayor participación de los dueños o directivos”, dijo.

Hayes señaló que, en general, cuando se discute el asunto del control interno se suele poner demasiado énfasis en los orientados hacia la operación de las compañías, descuidando los mandos directivos.

“Los datos obtenidos revelan que los robos cometidos por directivos son los que causan un mayor daño en el patrimonio de las compañías y son los que tienden a cuasar más daños a la reputación e imagen de la empresa”, subrayó.

De los fraudes realizados por los empleados al interior de la empresa se reportó que el de mayor incidencia es el de nivel operativo (54%). Sin embargo, el mayor daño económico es generado por empleados de la Alta Dirección, los cuales causan el 51% del daño económico.

La encuesta revela que el tipo de fraude con mayor incidencia es la malversación o robo de activos (43%) con un daño económico atribuible del 13%, en contraste con el mayor daño económico, que es manipular o falsear la información financiera (70%), el cual representa una incidencia de sólo 10%.

El defraudador más frecuente suele ser un individuo con un puesto operativo, de entre 20 y 30 años, con una antigüedad promedio de 3 años en la empresa y con casi la misma probabilidad de que sea un varón o una mujer. El fraude promedio cometido por este individuo es de aproximadamente 200,000 pesos.

Además, el defraudador que más daño causa a las empresas suele ser un individuo ubicado en un puesto de la Alta Dirección, de entre 35 a 50 años, con una antigüedad en la empresa en promedio de 10 a 15 años. El ilícito promedio cometido por este individuo es de 3.3 millones de pesos mexicanos.

 

Denuncia anónima

Por su parte, Arturo del Castillo, gerente de la Práctica Forensic de KPMG, agregó que los resultados de la encuesta muestran una realidad preocupante, ya que los fraudes que mayor daño causan a las empresas son cometidos por aquellos que tienen bajo su mando la custodia de la compañía.

“Y por ende, tienen mayor acceso a los recursos de las compañías para protegerlos y maximizarlos. Los sistemas independientes de denuncia anónima pudieran ser una herramienta de solución aceptable, toda vez que al ser un mecanismo accesible a todos los miembros de la organización, pueden facilitar la vigilancia de abajo hacia arriba en las empresas”, apuntó.

Del Castillo aseveró que el nivel de incidencia de fraudes reportados en este estudio, especialmente de quebrantos atribuibles a la Alta Dirección, es una clara señal de que es necesario reforzar la capacidad de control interno, Gobierno Corporativo y ética en los negocios.

“El no hacerlo sólo agudizará el problema y pondrá en serios riesgos la viabilidad y permanencia de las empresas”, alertó.

El estudió se aplicó a 286 directivos de empresas que operan en México. El perfil de los encuestados es: miembros del Consejo de Administración (8%), Directores Generales (22%), Directores de Administración y Finanzas (31%), Contralor o Auditor Interno (27%) y otros miembros del personal directivo (12%).

Fuente: Mundo Ejecutivo

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