La privacidad en línea es el gran tesoro de la red que buscan los anunciantes a través de los buscadores.
En Internet, los usuarios suministran la materia prima que ayuda a generar miles de millones de dólares anuales en ingresos por anuncios en línea. Búsquedas, perfiles personales en redes sociales, hábitos de búsquedas en la Red y muchos mensajes en Internet se explotan para presentar en línea anuncios dirigidos.
Resulta que, en forma colectiva, toda esta información personal es extremadamente valiosa. Así que, ¿por qué Google, Yahoo, Facebook y otros negocios de anuncios obtienen todas las recompensas?
Esta es la pregunta que impulsa a Bynamite, una compañía de reciente creación basada en San Francisco. “Debería haber una oportunidad económica del lado del consumidor”, señaló Ginsu Yoon, un cofundador. “Casi toda la inversión y la tecnología están de lado de la publicidad”.
Bynamite, sin duda, es otra entrada en el mercado emergente de productos de privacidad en línea. El interés empresarial en dichos productos, claro, se alimenta por las inquietudes sobre cuánta información personal recopilan los vendedores. También han jugado una parte las protestas recientes después de que Facebook cambió sus prácticas de privacidad y Google introdujo Buzz, una herramienta para redes sociales que compartió inicial y ampliamente información sin autorización del usuario. Se ha estado metiendo capital de riesgo a productos de protección de la privacidad y de monitoreo en la Red, como ReputationDefender y Abine, así como a servicios que ayudan a los padres a proteger en línea la privacidad de los niños, como SafetyWeb y SocialShield.
Bynamite tiene una perspectiva algo diferente sobre el mercado de la privacidad.
“Nuestro punto de vista es que no se trata de proteger la privacidad, sino de dar al usuario el control de este valioso recurso: su información”, explicó Yoon.
Los enfoques sobre el mercado de la privacidad, tanto de la protección como del valor, bien podrían redituar, señala Randy Komisar, un socio en Kleiner Perkins, Caufield & Byers, la firma de capital de riesgo. “Lo que es fascinante de Bynamite”, dijo, “es su énfasis en la privacidad como algo que gira en torno a la decisión y la propiedad de los datos, y, en última instancia, una noción de un intercambio de valor”. (Kleiner Perkins es inversionista de ReputationDefender, pero no de Bynamite.)
Aunque Bynamite es una compañía pequeña, apunta a problemas mayores sobre las transacciones por la privacidad y el establecimiento de precios para los datos personales. “En realidad, constantemente hacemos transacciones que implican dar información personal”, indicó Alessandro Acquisti, un catedrático adjunto de informática y políticas públicas en la Universidad Carnegie Mellon.
Cada búsqueda en Google, nota Acquisti, es implícitamente una transacción así, que implica que una persona “vende” información personal y “compra” resultados de una búsqueda. Sin embargo, la gente no piensa en o no se da cuenta de la idea de que las búsquedas ayudan a determinar el tipo de anuncios que Google despliega y lo que su red de anuncios sabe sobre ellos.
Bynamite, dijo Acquisti, “simplemente está tratando de hacer que este tipo de transacciones sean explícitas, más transparentes para el usuario”.
La semana pasada, Bynamite introdujo una versión temprana, o beta, de su software, un agregado descargable para buscadores. Este software y su servicio en la Red monitorean qué redes de anuncios y sitios de comercio electrónico recopilan datos, y lo que suponen saber sobre un usuario.
Los intereses de un usuario se reúnen en una página en la Red, agrupados por categorías como “noticias y acontecimientos de actualidad”, “salud general”, “viajes”, “tecnología” y “compras”. Las categorías se sopesan según la frecuencia con la que se visitan categorías diferentes de sitios o se compra con algunos vendedores en línea.
La información que rastrea Bynamite se actualiza sistemáticamente, y, al menos en mi caso, la semana pasada, diario apareció una pequeña alerta en la parte inferior de la pantalla de mi computadora, para informarme sobre nueva información sobre mí en las redes de anuncios. Yoon llama a esta primera versión del producto principalmente un “espejo” que muestra a los usuarios cómo los percibe la Internet comercial.
Los usuarios pueden cambiar ese espejo para que represente sus intereses con mayor precisión. Por ejemplo, yo no tengo un automóvil, pero mi carpeta “automotriz” pronto tenía varias entradas que decían que me interesaba el Mercedes Benz y otras marcas, presumiblemente porque es típico que los hombres de edad mediana que visitan sitios que yo visito son un blanco atractivo para los anuncios de coches. Borré los intereses de autos y sugerí a los anunciantes que no necesariamente soy un buen prospecto. Con todo, vi unos cuantos anuncios de ésos en sitios que visité después.
De ninguna forma, Bynamite está en contra de los anuncios. No los bloquea. Su sitio en la Red recomienda herramientas gratuitas, como AdBlock y NoScript, para personas que lo quieren hacer.
Como la mayoría de las compañías de reciente creación, Bynamite enfrenta incertidumbres. Para tener éxito, debe ser de uso fácil, y los usuarios deben confiar en ella como un intermediario confiable que maneja sus datos. Aún no cuenta con un modelo de negocios, aunque podría ofrecer recomendaciones de productos con base en intereses, y cobrar tarifas sobre las ventas resultantes a los vendedores. No ha descartado aceptar anuncios. Para empezar, su software agregado gratuito funciona sólo con los buscadores Mozilla y Chrome.
Si Bynamite gana impulso, Yoon pronostica que las personas podrán usar sus portafolios de intereses como moneda virtual. Llama a la idea “la cartera de preferencias del consumidor”.
Yoon y su cofundador Ian Wilkes fueron gerentes de negocios e ingeniería en Second Life, la comunidad en línea donde es común hacer transacciones con moneda virtual con productos digitales.
En unos cuantos años, dice Yoon, el perfil de intereses de una persona podría ser la base para hacer micropagos o descuentos. Una compañía de medios, por ejemplo, podría cobrar una suscripción mensual de 10 dólares por noticias o programación de entretenimiento, pero ofrecerla por ocho dólares a quienes intercambien sus carteras de preferencias.
El descuento, en teoría, estaría justificado porque los anunciantes pagarían más para comercializar para personas cuyos intereses conocen exactamente y por tanto es más probable que compren.
Fuente: Mundo Ejecutivo
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