Se buscan directivos

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Ser visionarios, competentes, capaces de diseñar las políticas a seguir, de organizar, son algunas de las características necesarias actualmente en una persona de empresa

Por Mario Wong
Instituto de Capacitación en Mandos Intermedios
mwicami@yahoo.com.mx

Mario Wong

Mario Wong

Enfrentar los problemas económicos, financieros y de otra índole, que impactan a la sociedad y a las empresas, requiere de dirigentes con un perfil que rompa con costumbres como el decreto, el de méritos en campaña, el de las influencias, entre otros. No porque no se puedan dar buenos resultados, sino porque se dan quizá por excepción.

Si redactáramos una carta a Santa Claus, es muy probable que pidiéramos algunas cualidades en el directivo como las siguientes: que sea visionario, competente, capaz de diseñar las políticas a seguir y también de organizar, que tenga principios y sea agente de cambio. Agregaríamos también que sea coherente con lo que piensa y hace, que sea estratega, líder y que pueda ver más allá del presente.

Alguien tal vez diría “¿y la nieve de qué la quieres? Pero la verdad es que directivos con esas características sí existen. Seguramente, algunos tienen mucha fortaleza en algunas características, y otros en unas distintas. Podemos asegurar además, que ello no ha sido gratuito y que no lo han comprado en algún lugar.

Para Santiago Álvarez de Mon, profesor del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa, de la Universidad de Navarra (IESE), un buen directivo está configurado como una estructura de varios niveles. En el primer piso están los conocimientos, buenos para la administración, pero insuficientes para la dirección de una organización.

Hoy que la globalización golpea y hace ruido a muchas empresas locales y nacionales, el hombre–empresa comienza a ser una especie en extinción. Frente a ese individualismo emerge el trabajo en equipo, y forma parte del segundo nivel en la estructura del directivo. Ya no se puede estar solo. La suma de capacidades y complementos, las opiniones diferentes, la discusión constructiva, la toma de decisiones condensadas, se hacen necesarias. Además está comprobado que dos cabezas piensan más que una.

El trabajo en equipo, por otra parte, no se da solo. No es lo mismo reunirse a trabajar, que trabajar en equipo. La dirección y la capacitación juegan un importante papel. Preguntar es un arte, escuchar con empatía una capacidad, comprender es una virtud, disentir creativamente es una actitud. Esto y otras cosas más, forman parte del trabajo en equipo. Napoleón Bonaparte solicitaba a sus generales ideas y proyectos antes de una batalla. Y les decía “ya veré si sus ideas son mejores que las mías”.

El siguiente nivel tiene que ver con la libertad responsablemente ejercida. Es el nivel de los valores y principios. Para ejercerlos, se requiere de un auténtico liderazgo, que rompa con los usos maquiavélicos de la manipulación. Libertad responsable de acuerdo a una objetiva jerarquía de valores. Congruencia en el pensar y en el hacer.

El último piso hace referencia a la misión de la empresa y a los ideales de un empresario. Matsuchita, empresario japonés, un equivalente a premio Nóbel en su país, señalaba que las empresas han de tener un ideal. El suyo era luchar contra la pobreza en Japón. A veces, los ideales y las misiones están ahogados por el afán de lucro, situación que muchas veces cobra factura.

¿Se conoce a sí mismo?

El perfil sugerido por Álvarez de Mon resulta por demás interesante, sin embrago resultaría insuficiente sin unos buenos cimientos. Las capacidades y competencias personales de un directivo, le dan sustento a todo lo demás. Se trata de esos momentos observables de las personas, que le hacen exitoso en el quehacer humano.

Para empezar, sería muy difícil dirigir a otras personas si no se dirige a sí mismo. Se requiere de hondura, conocimiento de sí y franqueza interior, que le ayuden a saber dónde está, dónde crecer y dónde eliminar. Nadie da lo que no tiene.

Además se requiere de apertura de mente y criterio, dos conceptos que parecerían irreconciliables, pero que requieren de equilibrio. Saber escuchar ayuda a la apertura, a cribar nuestras opiniones, saber ceder entre otras. Se trata de elementos que forman parte de la madurez directiva, misma que se puede lograr pronto o después.

No es cuestión de edades. A pesar del dicho de que “chango viejo no aprende maroma nueva”, la juventud, la adultez o la vejez son fenómenos biológicos. Carácter, sobriedad, fuerza de voluntad son también parte de los cimientos, que aunados a la falta de prepotencia o soberbia le dan una mayor solidez. Así que ¡ánimo! Los dirigentes que hoy necesitamos tienen mucho que hacer frente a los problemas y oportunidades que plantea el mundo, el país y nuestra sociedad.

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