DESDE EL ICAMI
Frecuentemente se tiene la idea errónea de que en toda empresa debe haber un todopoderoso para controlar y dictar lo que ha de hacerse.

Mario Wong
Por Mario Wong
Instituto de Capacitación en Mandos Intermedios
mwicami@yahoo.com.mx
Dirigir es lograr que otros hagan lo que yo quiero, queriéndolo ellos; lea más aquí sobre el tema.
Es casi seguro que si nos dieran a escoger, sobre todo en estos tiempos, lo que es mejor para la organización, nos quedaríamos con los conceptos de director o de líder, o aun mejor si se da una mezcla de estos dos.
La idea de dueño que opera para algunas empresas y que así lo entendemos, especialmente en empresas familiares, es el equivalente también para otro tipo de organizaciones, por ejemplo públicas, de lo que designamos en ocasiones como “vacas sagradas”. Este concepto al que me refiero se entiende como “el todopoderoso” que controla y dicta lo que ha de hacerse, y que ninguna hoja se mueve sin su autorización. Rezagos de tiempos de caciques, de esclavitud y quizá le abonamos también el Taylorismo del siglo pasado.
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Con esto no pretendo decir que los tres conceptos de dueño, director y líder sean irreconciliables. Pueden ser compatibles, aunque no de manera fácil. En todo caso se da cuando el término de dueño pasa o cambia por el de empresario.
Sin embargo, nunca faltan los defensores de ese concepto. Yo pensaría en extinción, de decir o cuestionar: “¿Y eso qué? Quien tiene el poder ha de usarlo como mejor le parezca”. Sin duda que eso se puede hacer y de hecho se hace, pero no necesariamente resulta lo mejor, ni lo correcto y en ocasiones ni lo justo. No basta “pagar bien”, porque a veces bajo esta idea se cobija la de “me perteneces”. Y como así lo creo, tu tiempo, el de tu familia, tu vida y hasta tus pensamientos están bajo mi decisión.
Las personas deseamos pensar, proponer, discutir, ser alguien, ser tratados como personas, tener objetivos personales y familiares. A veces la obediencia se confunde con la sumisión. Las personas desean crecer y no solamente en la cuenta bancaria. Es lastimoso ver que alguna persona que trabaja diga: “porque no hay de otra”. Esta actitud resulta contraproducente para la persona y la organización. Y en el peor de los casos están dolidas y quizá esperando cobrar algunas facturas. Esta es otra de las consecuencias de esa actitud de “propietarismo”. Las personas desean pertenecer a algo, no a alguien.
Recibes lo que das
Hace unos días me llegó un correo sobre el eco. Su autor con mucha razón y explicación señala que depende de lo que grites lo que vas a recibir. Así que si queremos recibir cosas buenas hay que enviar lo mismo.
“Es cosa de mi carácter”, podría decir alguien. Muchas veces la mezcla de poder con ira o soberbia resulta muy explosiva y no es algo que se pueda presumir. Más que carácter, dice San Josemaría Escrivá, es tu falta de carácter.
Dirigir es lograr que otros hagan lo que yo quiero, queriéndolo ellos, dice Carlos Llano, para lo cual es necesario que lo que yo quiera sea comunicable, participable y que pueda representar un objetivo común.
La historia se ha encargado de demostrar que los mejores resultados en todos sentidos se logran así. Ahora imaginemos que a una buena dirección le agregamos liderazgo. Aquello se vuelve camisetas dibujadas en la piel. Y de una adecuada dirección al liderazgo quizá haya dos pasos: saber con prudencia lo que se hace y siempre ponerse, aunque sea para entender mejor, en el lugar del otro. No como un acto maquiavélico, sino con conocimiento profundo del valor de la persona y por el bien de todos.














