AGRONEGOCIOS
Variados han sido los modelos que México ha seguido para desarrollar su agricultura, pero es hora de fortalecer la inversión en investigación y tecnología
Por Pedro Díaz Jerónimo
Especialista de Promoción en la Dirección Regional Noroeste del Banco de México – Fira
pidas@correo.fira.gob.mx

Pedro Díaz Jerónimo
Conozca los pros y contras de los diversos modelos de desarrollo agrícola
Los modelos de desarrollo agrícola que ha seguido México son variados. Uno de ellos ha sido el modelo de la explotación de recursos, caracterizado por incrementar la producción agrícola mediante la expansión de nuevas áreas de cultivo, ampliando así la frontera agrícola, con patrones de continuo desarrollo, pasando de sistemas agrícolas extensivos a intensivos.
No obstante, este modelo no profundizó en el problema de la generación de crecimiento de la producción agrícola basada en la productividad de la tierra y el trabajo, por lo que no fue sostenible en el largo plazo.
Después vino el modelo de conservación, el cual evolucionó de los avances de combinar las actividades agrícolas con la ganadería, organizando la producción, reciclando, optimizando nutrientes y mejorando los insumos, permitiendo intensificar la producción mediante reciclar los nutrientes de las plantas en la forma de estiércol de los animales para mejorar la fertilidad del suelo.
El modelo de difusión trata de explicar la difusión del conocimiento, de los servicios de extensión agrícola, de las mejores prácticas en la ganadería y el mejoramiento genético de cultivos y ganado, factores que influyeron en la mayor fuente del crecimiento de la productividad.
Siguió el modelo de alta rentabilidad por insumos. En éste, la clave para transformar el sector agrícola tradicional en generador de crecimiento económico sostenido fue la inversión para lograr hacer disponibles para los agricultores insumos de alta rentabilidad, implicando tres tipos de inversiones, con el fin de incrementar:
La capacidad de las instituciones de investigación agrícola para generar nuevas sedes de conocimientos técnicos.
La capacidad del sector industrial en desarrollar, producir y hacer comerciables nuevos insumos.
La capacitación de la población rural para un efectivo uso del conocimiento y la tecnología.
Con este modelo, México desarrolló variedades de trigo y maíz de altos rendimientos, con alta respuesta a fertilizantes y agroquímicos. Su implementación resultó en crecimientos sin precedentes de la producción, lo que a la postre se llamó “la revolución verde”.
Investigación para el futuro
En el 2050 habrá 152 millones de mexicanos, con un ingreso per cápita de 20,000 dólares. Esto duplicará la demanda por alimentos, requiriendo un modelo de desarrollo agrícola que asegure: la disponibilidad de alimentos, ser fuente de empleo e ingresos del medio rural, ambientalmente sostenible y proveedor de energía limpia. En este contexto, la biotecnología y la nano-biotecnología jugarán un papel fundamental.
Por esto, México debe fortalecer la inversión en investigación agrícola y su capacidad de desarrollo tecnológico, para proveer a los productores agropecuarios de conocimientos y tecnologías necesarias para responder a estos retos.
Primera parte
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Segunda parte
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