Agronegocios
Derivado de costos en la organización de la oferta, volatilidad de los mercados y la disposición del consumidor para pagar, el modelo clásico ya no funciona para la mayoría de los productores y consumidores
Por Pedro Díaz Jerónimo
Especialista de Promoción en la Dirección Regional Noroeste del Banco de México – Fira
pidas@correo.fira.gob.mx

Pedro Díaz Jerónimo
La agroindustria comprende las actividades posteriores a una cosecha, que incluyen la transformación, preservación y preparación de la producción agropecuaria para su consumo intermedio o final, agregando valor, reduciendo pérdidas y permitiendo que los productos puedan viajar largas distancias.
La producción mundial agroindustrial en 2000 fue de 2.7 billones de dólares, según la FAO (Food and Agriculture Organization) de las Naciones Unidas, de lo cual el 70% fue aportado por medianas y pequeñas empresas. El 80% de las ventas mundiales de alimentos se trata de productos procesados y el 90% de los alimentos que se consumen en los países pobres son procesados localmente, en los cuales la producción agroindustrial se duplicó y el empleo se multiplicó por seis.
La agroindustria es el eslabón central en el desarrollo de los agentes que participan en las redes de valor agroalimentarias, y debe fortalecerse para aprovechar el efecto multiplicador que provoca en la generación de valor agregado, creación de empleos, acceso a mercados, vehículo de transferencia tecnológica y de cambios en las preferencias del consumidor.
Los pequeños agricultores enfrentan dificultades para accesar a las redes de valor por falta de una oferta suficiente, de calidad y con la frecuencia requerida por el mercado. Además, la equidad en las redes es una limitante para su propio desarrollo; el productor recibe muy poco por lo que vende y el consumidor paga mucho por lo que compra.
Derivado de costos en la organización de la oferta, volatilidad de los mercados y la disposición del consumidor para pagar, el modelo clásico ya no funciona para la mayoría de los productores y consumidores.
Rumbo a la equidad
Urge repensar el modelo de negocio, entendido como la forma de crear y capturar valor dentro de una red de productores, proveedores y consumidores, que en su funcionamiento optimice el beneficio de todos, donde la competitividad y sostenibilidad de la red depende de la de cada actor.
Un modelo con equidad requiere mayor diferenciación a menores costos para desarrollar la agroindustria local, siendo ésta el vehículo para llevar crédito, tecnología, capacitación, trasferencia tecnológica, y el cambio en la preferencia del consumidor al productor.
Debemos lograr modelos de negocio globales, justos y sostenibles, donde la organización de productores, la coordinación del mercado y la intermediación, los servicios de apoyo comercial y financiero, el comportamiento de los consumidores y la infraestructura, son los factores que más influyen sobre la inclusión, justa y sostenible de los pequeños productores al mercado.
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