Desperdicio de Talentos

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En nuestra cultura, etiquetar a las personas por su edad produce baja autoestima, improductividad, actitudes de poder y exceso de soberbia.

Por Mario Wong
Instituto de Capacitación en Mandos Intermedios
mwicami@yahoo.com.mx

Mario Wong

Mario Wong

Hace tiempo leía una frase de Benjamín Franklin que decía: “Desconfía del cirujano joven y del barbero viejo”. Es probable que esto provoque risa, pero también es seguro que motiva a la reflexión. Hoy en día, las sociedades experimentan lo que algunos llaman “crisis generacionales”; situaciones que no son nada nuevo, siempre se han dado, y que hoy seguramente están influenciadas por los pensamientos de Marx, por su “lucha de clases”.

Estas ideas, que aún permean también en otros ámbitos, por ejemplo entre el del hombre y de la mujer, han tenido, me parece, consecuencias y resultados negativos, separatistas, de enfrentamientos y hasta discriminatorios. Parece que el denominador común es la desunión, especialmente bajo el factor de edades.

Contrariamente a lo que todo ser humano aspira, hoy se puede llegar a pensar, por ejemplo, que ser joven representa lo novedoso, lo útil, lo productivo, y por otro lado, ser viejo puede equivaler a lo inútil, lo obsoleto, lo improductivo.

Los efectos de dichas ideas se desplazan en el trabajo o en las organizaciones, bajo señalamientos de productividad o improductividad, fuerza o debilidad, energía e invalidez.

¿Cuánto vale la experiencia?

Con cierta frecuencia, leemos en los periódicos avisos de ofertas de empleos de trabajo con consignas “entre 25 y 35 años”, como si tener menos edad o más, fuera garantía de excelencia y buenos resultados. En lo personal me parece estúpido, por aquello del estupor, y no por ofensa.

Con ese paradigma, tendríamos que decirle, por ejemplo, al Papa, que está fuera y que lo mejor es que se retirara, que no tiene nada que ofrecer, y que ocupa un lugar en el espacio, tal como quisieron empujar algunos a Juan Pablo II en su tiempo.

Es cierto que para algunos trabajos se requiere una mayor fortaleza física, especialmente en aquellos de tipo operativo, pero no lo es todo, puesto que si el esfuerzo físico mengua con la edad, el intelectual, psicológico y espiritual crecen o debieran crecer, y pueden suplir en muchos de los casos las deficiencias del cuerpo.

Nuestro barbero de edad, aunque puede representar ciertos riesgos para algunas gargantas, así como también la falta de pericia de nuestro joven cirujano, ambos tienen la oportunidad de crecimiento. El primero, utilizando esa basta experiencia y de consejo, y el segundo, buscándola.

Improductividad y soberbia

Tratar de separar a las personas bajo el título que sea, no opera y sí causa muchos problemas. Etiquetar a las personas por las edades en nuestra cultura causa estupor, porque produce baja autoestima, improductividad, actitudes de poder y exceso de soberbia.

En un mundo que empieza a ser más globalizado, esta cultura excluyente es dañina y poco inteligente para enfrentar retos de competitividad. Las personas hacemos las empresas, y son las personas las poseedoras de los talentos, y no las empresas.

En algunos países como Japón y China, con un alto grado de crecimiento y productividad, las personas mayores tienen un lugar especial en la sociedad, en los consejos. Para empezar, la cultura y los paradigmas son diferentes a los nuestros, y los resultados de ellos, sorprendentes. ¿Será conveniente cambiar de canal o de paradigmas? Quizá habría que revisar también otro tópico: la unidad nacional.

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