Desarrollo Económico

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Desempleo, emigración y creación de empresas

Por Pablo de la Peña Sánchez
Obtuvo su doctorado en Administración Pública y Política en la Universidad de Arizona.
Imparte clases de Economía Política Internacional y es Director Académico de la división
de Profesional y Graduados en el ITESM Campus Sonora Norte.
ppenia@itesm.mx

Pablo de la Peña Sánchez

Pablo de la Peña Sánchez

Durante el 2007 escuchamos y vimos como se recrudeció el ánimo anti-inmigrante en los Estados Unidos. Particularmente se ha intensificado ahora que los candidatos, tanto demócratas como republicanos, quieren ganar terreno en la carrera presidencial, mostrando una posición más dura y proteccionista en materia de seguridad nacional y en materia de empleos.

Hasta cierto punto podría ser entendible la posición de algunos norteamericanos de querer proteger tanto sus fuentes de empleo, así como el gasto público en educación y en servicios de salud. También es entendible por qué muchas personas en México y en Centroamérica se aventuran y arriesgan cruzar hacia Estados Unidos de manera ilegal, para buscar mejores oportunidades de trabajo.
Sin embargo, lo que no es claramente entendible, es por qué nos ha tomado tanto tiempo, particularmente en México, crear oportunidades de trabajo y de desarrollo para las personas que tienen el espíritu de superación y el deseo de trabajar, tanto que hasta arriesgan su vida en el proceso de buscar mejores oportunidades en nuestro vecino del Norte.

Si partimos del supuesto de que la mayoría de la gente que cruza la frontera hacia Estados Unidos es porque busca mejores oportunidades de trabajo y están dispuestas a trabajar arduamente para mejorar su prospectiva de vida, entonces valdría la pena analizar con mayor profundidad la pregunta de “¿por qué la gente no encuentra oportunidades en México que disminuyan el deseo de irse hacia Estados Unidos?”.
Siempre he visto el fenómeno de la inmigración como un simple fenómeno de mercado que se rige por la oferta y la demanda. Los Estados Unidos siempre han generado una gran demanda de fuerza laboral, y en México comúnmente tenemos un exceso de fuerza laboral. Si bien puede ser cierto que haya habido ocasiones en las que México ha podido absorber su propia fuerza laboral gracias a periodos de expansión económica, también es cierto que no hemos podido generar fuentes de trabajo con la calidad suficiente para competir con las que se generan en Estados Unidos, dando como resultado que la gente prefiera irse a trabajar – aunque sea al mismo sector económico – al Norte, porque el diferencial de salario es significativamente más alto en dólares que en pesos.

De todo esto, lo más preocupante es que precisamente no podemos retener a nuestra fuerza laboral, misma que demuestra con creces que quieren trabajar, pues arriesgan su vida para buscar mejores oportunidades de trabajo.

Según la Secretaría de Hacienda, habremos generado casi 800 mil empleos nuevos en el 2007, cantidad con la que no es difícil imaginar que tenemos un déficit en la generación de nuevos puestos y que el excedente de la fuerza laboral se va a buscar mejores oportunidades a Estados Unidos.

El Banco Mundial anualmente publica una serie de reportes relacionados con la facilidad de hacer o de crear negocios nuevos en más de 170 países a nivel mundial. En el 2007, México ocupó el lugar 43 de 175 países en el Índice de la Facilidad para Hacer Negocios en el país. Dentro de los países en Latinoamérica, sólo Chile ocupó un mejor lugar que México (28).

El porcentaje de impuestos sobre las utilidades brutas, el número de días para iniciar un nuevo negocio y el costo por despido de empleados, son los tres factores que hacen la diferencia entre los países que tienen mejor posición y los que no.

De acuerdo con este reporte, en México y Chile se necesita casi un mes para tener todos los permisos para iniciar un nuevo negocio, mientras que en Estados Unidos esto sólo lleva cinco días. En México, la carga impositiva es mayor que en Chile (37.1% y 26.3% respectivamente), sin embargo, en Estados Unidos es aún mayor (46%).

Aunque no es concluyente afirmar que la disminución de impuestos, de la carga financiera y de los trámites administrativos para un nuevo negocio, son la solución para acelerar el proceso de creación de nuevas empresas – y por ende más oportunidades de empleo –, sí es claro que necesitamos crear mejores condiciones para que el espíritu emprendedor encuentre su cauce y potencialice las oportunidades económicas en cada una de nuestras comunidades.

Sinceramente no veo cómo podremos generar oportunidades para los nuevos profesionistas que se incorporan cada año a la fuerza laboral, deseosos de iniciar de manera exitosa su carrera profesional, si no hay las condiciones apropiadas para que la iniciativa privada haga su principal tarea, que es la de satisfacer las necesidades del mercado mediante la creación de empresas competitivas.

Debemos hacer sinergias en las que el sector público pavimente el camino del desarrollo con leyes pertinentes que fomenten el espíritu emprendedor, y que faciliten el crecimiento de nuevas empresas, y en las que el sector privado encuentre las oportunidades de desarrollo que aseguren la generación de mejores fuentes de empleo en el país.

Creando mejores y más fuentes de empleo no se eliminará totalmente la emigración hacia Estados Unidos, pero sí se incrementarán las oportunidades de desarrollo y creación de riqueza en nuestro país, y en nuestra región.

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